Oficio Copia N° 22
| Estado | Transcrito |
|---|---|
| Fecha | |
| Folio | 1375 - 1377 |
| From (remitente) | José Salvany |
| Place | Lima |
| To (destinatario) | José Fernando de Abascal - Virrey del Perú |
[1375]
22°
Excelentísimo Señor
Discurriendo a Vuestra Excelencia ocupado desde su llegada a esta no he tenido por conveniente cansar su finísima atención con varios asuntos, que interesan al buen éxito de la comisión, que se ha dignado confiarme el soberano. Creía antes de mi llegada a este reino, que la Real Expedición sería distinguida con aquella particular estimación debida a los que se sacrifican para el bien público; y que sus moradores, en atención de ser la dicha expedición tan recomendada por el soberano, excederían a entusiasmar al bajo pueblo a fin de que precipitadamente corriese a disfrutar del beneficio, con que ha querido favorecernos el paternal amor de nuestro soberano, y a dar una prueba de gratitud muy lisonjera, y agradable a su Real persona según lo manifestó al noticiársele las decididas que dieron las varias capitales, en quienes hemos tenido la dicha de recorrer. Mas Señor Excelentísimo pronto se desvanecieron las alegres pinturas que acompañaban a la expedición. Entra ella al Perú, y luego ve sepultado en un general desprecio el apreciable beneficio, que a costa de mil afanes, trabajos, e inquietudes le conducía; solo un corto número de [1375v] sabios, y principalmente en esta capital ha sabido darle el debido mérito, y no es de admirar Señor Excelentísimo que el pueblo bajo, quien solo se paga, y obra por las acciones heroicas, que ve ejecutar a sus mayores, se manifieste indiferente al beneficio, o no conozca las utilidades que de él se acarrean, cuando aquellos cuerpos, que por razón de su carácter, e instituto deben velar en la felicidad de la patria: que deben promover, engrandecer, y perfeccionar cuanto le sea útil; y que deben tener por muy dulce extender la seguridad de sus conciudadanos, el amor, unión, y benevolencia de ellos mismos: aquellos cuerpos, digo, a quienes el mismo soberano se dignó recomendar la conservación del específico, se han mostrado igualmente indiferentes, mirando como de ningún valor sus Reales insinuaciones, y principalmente la que dice: “Que no pide más recompensa de sus amados vasallos los americanos, sino que admitan el beneficio, como su paternal amor lo dispensa.
Eternizaría en un profundo silencio estas mis exclamaciones, si el amor a la humanidad, y el deseo que me acompaña de completar la obra más perfecta, que pudo imaginar la experiencia compasiva, solo propia de un Rey el más católico, no me impeliesen [1376] el manifestar a Vuestra Excelencia que juzgaría por inútil el que la expedición continuase recorriendo los dilatados espacios, que según Real Orden le faltan, si Vuestra Excelencia armado de los más humanos sentimientos, y de las sabias luces, que brillan en Vuestra Excelencia dándole a comprender cuanto importa a la felicidad de un estado, no se declarase un verdadero protector de la expedición de mi cargo. Sí Señor Excelentísimo: ella confía que bajo el sabio abrigo de Vuestra Excelencia triunfará de la humillada suerte a que han querido reducirla algunos espíritus llenos de ambición, egoísmo, e ingratitud. Estos vacilantes y corrompidos miembros de la sociedad, que públicamente critican la dulce aclamación y armonioso estruendo, que, dando gracias a Dios, y al Rey, ha resonado ya en los templos, ya en los pueblos, en que hemos estado: que murmuran de la beneficencia que se le dispensa, diciendo que ya no es la Real Expedición necesaria en estos reinos por haberse en ellos propagado el beneficio de la vacunación, son a mi parecer los que muy mediatamente contribuyen a que en ninguno de los pueblos de este reino, en que hasta ahora hemos estado, se conserve el maravilloso específico; y en que me vea yo cada vez que tengo el fluido en estado de ser propagado con los mayores [1376v] apuros, por carecer de individuos, a pesar de haber muchísimos a quienes no se les ha comunicado el antídoto, y cual por no perder, me he visto ya en la dura precisión de salir de mi alojamiento con os que tenían los granos e ir falto de conocimiento por esas calles, a la manera de un mendigo, buscando a quien propagarlo, y regalando aún para poder lograr: esto Señor Excelentísimo me sucedió en la vacunación anterior: este es el mísero estado en que se halla el inestimable don, que ha podido regalarse a los peruanos: esta es la desgraciada suerte de unos enviados y recomendados por el soberano, quienes, para llevar hasta lo último la acción más laudable y generosa, hemos padecido los crueles rigores de naufragios, hambre, sed, miseria, calores, nieves, y las influencias de un clima vario.
Qué época Señor para el Perú formará la presente, cuando en los anales de la expedición se lea lo que nos acontece! Y cuán diferente era hace hoy día cuatro años el parecer de nuestros excelsos soberanos, quienes, al despedirnos, notamos por las sublimes lágrimas que vertían, la alegría que se apoderó de sus Reales corazones, solo por ver que partían ya los que han venido a redimir a los americanos del más pesado yugo, y desolador contagio. Se me hace muy sensible elevar a su Real trono estas mismísimas expresiones, que [1377] dirijo a la alta persona de Vuestra Excelencia; pero también les digo que si hasta ahora ha observado la expedición indiferencia, y el beneficio que conduce ningún cuidado en ser conservado, confío en que estado Vuestra Excelencia al frente de este reino, experimente aquella decencia y protección, que había observado hasta llegar al Perú, y que tanto recomiendan sus majestades. Conozco que casi no es dable a un solo magistrado el procurar que se dé la debida estimación al específico, y que este se propague a cuantos no han pagado el debido feudo a la viruela natural; pero sé por lo que ha enseñado la experiencia en varias partes que la fuerza del ejemplo, y la resolución principalmente en la primera capital del reino bastan para elevar a un grado superior los más ofuscados conocimientos.
Las resoluciones que espero tomará Vuestra Excelencia para conservar el dicho específico en esta capital, y las sabias órdenes, que con la mayor veneración suplico a Vuestra Excelencia se digne mandar circular a los comandantes generales, Intendentes, y gobernadores de este reino acerca de la llegada de la Real Expedición, y al intento de poder esta cumplir con lo encargado por Su Majestad serán el mayor ejemplo, que podrá presentarse a los peruanos, para que conozcan, reciban, y conserven el beneficio como por [1377v] la piadosa y Real mano, que lo envía.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Lima 2 de septiembre de 1806 = Excelentísimo Señor beso las manos de Vuestra Excelencia = Josef Salvany = Excelentísimo Señor: Señor Don Josef Fernando de Abascal, Virrey, gobernador, y capitán general de este reino del Perú.
PD.
Discurría poder entregar este a Vuestra Excelencia esta mañana, más no me lo ha permitido el haber estado Vuestra Excelencia en la junta: tengo a bien noticiarle como hoy ha sido día de vacunación, y a pesar de estar desde ayer avisado el público, solo ha venido a mi casa un muchacho enviado por un familiar del Ilustrísimo señor arzobispo de La Plata.